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el Día de San Valentín, ÀPuro Amor Virtual? Hombre y mujer, aun cuando estén separados por cientos de kilómetros, pueden elegir una imagen de sí mismos, construise el cuerpo virtual que proyectarán en la pantalla de la computadora y comenzar, vía el "mouse", el nuevo modo de amar a ritmo cibernético "Es un amor platónico", suele decir la gente acerca de una pareja cuya relación es puramente espiritual. Fue Platón, célebre filósofo griego (428-348 a. de J. C.), quien separó al amor de la "escoria" corporal y mundana para convertirlo en una entelequia, en una idea pura, en una realidad que tiende a la perfección o la ha alcanzado ya. La gente, escéptica, se ha mofado siempre de tal concepto del amor. En la literatura y el cine abundan historias de amores frustrados que claudicaron ante esa tremenda prueba de resistencia platónica que es el amor a distancia. ÀQué mejor prueba para constatar si un amor es en verdad platónico que el distanciamiento circunstancial de los amantes? El juicio de la vox populi a ese respecto es, a saber, contundente: "amor de lejos es amor de... ingenuos". Como sea, han tenido que transcurrir más de dos milenios para que surgiera una propuesta que al parecer intenta reconciliar la idea platónica del amor a distancia con el amor terrenal que afirma el placer sensual: el amor plato-electrónico. Se trata de una nueva modalidad de amor también conocida como amor cibernético, cibersex o amor virtual. Separados por más de cientos de kilómetros, un hombre y una mujer, dos ciberamantes, se acarician cibernéticamente, se sienten. Ni él ni ella tienen que hacer lo que el intempestivo Jeremy Irons en la película Obsesión, quien en plena madrugada y dejándose arrastrar por la pasión toma un vuelo de París a Londres para encontrarse con la Juliette Binoche y hacerle furtivamente el amor y, en contra de su voluntad, separarse de inmediato. Si hubieran contado con un cordón umbilical informático y una línea telefónica, habrían evitado tal fatalidad. El dispositivo informático permite, en efecto, superar la distancia y cualquier otro obstáculo. Los ciberamantes se acarician por medio de la red telefónica y se ven según un modelo "virtual" que ellos mismos crean en la computadora. La primera experiencia de la realidad virtual aplicada al sexo es resultado de las investigaciones de Ciber SM, la primera empresa que osó poner en relación sexual a una pareja separada por 600 kilómetros. La mujer en Colonia, el hombre en París. El experimento dejó al público sumido en la más absoluta estupefacción. Instalados en sus respectivas habitaciones los dos amantes virtuales, se visten con un traje de sensaciones, un asombroso conjunto equipado con una multitud de biosensores que envían estímulos a cada cuerpo. Todo conectado por una maraña de cables que transmiten descargas eléctricas de una intensidad de entre 3.5 Ðla fuerza de una pila- y 49 voltios. El
Juego Comienza Sirviéndose del ratón, los amantes pueden realizar primeros planos de todas las partes del cuerpo virtual e incluso hacerlo girar a 360 grados. Cada ciberamante, en su habitación, tiene ya en las pantallas la imagen virtual del otro, el juego comienza, las caricias, los impulsos eléctricos esta vez físicamente reales. El hombre empieza las cibercaricias enviando un estímulo a su compañera. Para lograrlo tiene que elegir en la pantalla la zona erógena que quiere tocar y oprimir luego el botón derecho del ratón una vez que centró la flecha en el cuerpo virtual de la pantalla. Un micrófono permite a los dos amantes comunicarse las sensaciones o guiar al otro hacia las zonas sensibles del cuerpo virtual. Esta es la meta total del juego: perfeccionar la puntería para dar en el blanco de las pulsiones más secretas. Con el ratón haciendo las veces de mano, la pareja se transmite señales, se dirige mutuamente hacia los espacios breves del placer. Así pues, dirían las jóvenes generaciones, Áel amor plato-electrónico está de pelos! Aunque, por supuesto, siempre habrá unos que prefieran hacer el amor "a la antigüita" y otros que opten por preservar su amor platónico. |
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