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El Equilibrio en la Sociedad Informatizada En un mundo ideal de ÒsabiosÓ completamente informados, la organizaci—n coincidir’a con la espontaneidad; una sociedad de mercado perfecto, donde la cultura y las informaciones har’an a cada uno consciente de las obligaciones colectivas, y una sociedad integralmente planeada, en la cual el centro recibir’a unos mensajes correctos acerca de la escala de preferencias de la constelaci—n social, tendr’an la misma estructura y la misma orientaci—n. Socializar la informaci—n es poner en marcha mecanismos por los cuales se manejan y armonizan los proyectos y aspiraciones sociales. Es facilitar la preparaci—n de los datos a partir de los cuales puedan encontrar un punto de acuerdo las estrategias del centro y los deseos de la periferia; un acuerdo por el cual la sociedad y el Estado no s—lo se apoyen, sino tambiŽn se fabriquen rec’procamente. Pero, para ello, hay que eliminar una contradicci—n fundamental: si la informaci—n aparece al nivel de las cŽlulas descentralizadas, no pueden Žstas utilizarla tal cual, para a la mayor’a de sus decisiones. S—lo cobra significado con el curso de s’ntesis en que se la confronta con las dificultades a largo plazo, con el proyecto colectivo. Por tanto, debe ser devuelta, bajo unas formas tales que pueda suscitar espont‡neamente unas reacciones correctas. Esto implica que se presente como leg’tima y eficaz, que su circulaci—n se institucionalice. En la actualidad, la informaci—n descendente se acepta poco, porque se la experimenta como la prolongaci—n de un poder, como una manipulaci—n. Cada vez ser‡ m‡s necesario que sus destinatarios intervengan en su elaboraci—n, que los recipiendiarios sean emisores y que las emisiones tengan en cuenta las condiciones de recepci—n. Esta participaci—n s—lo ser‡ aceptada si los grupos sociales son igualmente capaces de fabricar, tratar y comunicar su propia informaci—n. Ello supone que la mayor’a de los ciudadanos puedan constituirse en colectividades o asociaciones, pœblicas o privadas, y dotarse de las herramientas para recoger y explorar la informaci—n que legitime su proyecto. Pero, Àde quŽ clase de informaci—n se trata? Los responsables tendr‡n que formar almacenes organizados de datos factuales que expresen los motivos del proyecto colectivo, sea que Žste se traduzca o no en un plan. La eficacia impone que dichos datos sean f‡ciles de transmitir y cuyo acceso sea sencillo. No basta con que se les acepte en general como objetivos. Es preciso adem‡s el intercambio de informaci—n entre grupos. Cada vez m‡s evidentemente se mostrar‡n como seudoinformaciones las que s—lo alinean hechos sin darles una perspectiva ni estructurarlos en un proyecto coherente y las que, por el contrario, proclaman ideales sin darles un sitio en un contexto de desarrollo concreto de la sociedad. Hacer que la informaci—n sirva es, pues, encontrar un m’nimo de acuerdo acerca de la estructuraci—n que la transforme en pensamiento coherente y aceptado. A estas alturas, quedar‡ aœn por ver si el proyecto resultante se inserta en un sistema de comunicaciones y conciertos. En la actualidad, la informaci—n va de la cima a la base. Solamente el mercado constituye la red,Ê en verdad pobre, de la comunicaci—n horizontal. La sociedad de la informaci—n reclama el ascenso hacia el centro de los anhelos sociales y la multiplicaci—n hasta el infinito de las comunicaciones laterales. Esto debe hacer posible confrontar las informaciones formalizadas capaces de expresar los proyectos de la base que excedan los datos cuantificados del mercado. Hay que valerse de la informaci—n masiva de la sociedad para crear esa nueva ÒredÓ en la que cada comunidad homogŽnea pueda comunicarse con sus similares y con el centro. La palabra oral, con sus rituales, equilibraba la ciudad. La palabra informatizada y sus c—digos deben volver a crear un Ò‡gora informacionalÓ, ampliada hasta las dimensiones de la naci—n moderna. De tal suerte, paulatinamente resultar‡n acuerdos y soluciones de transacci—n, los cuales expresar‡n un consenso que vincular‡ a colectividades cada vez m‡s vastas y perspectivas cada vez m‡s alejadas. El equilibrio es dif’cil en la sociedad informatizada. Para que la sociedad de informaci—n sea posible, hay que saber, y tambiŽn poder, contar con el tiempo. La pedagog’a rec’proca de las disciplinas y las aspiraciones trabaja con lentitud. Se plasma, a lo largo de generaciones, a travŽs de la transformaci—n de las matrices culturales, familias, universidades, medios, etc. Hay que darnos el tiempo necesario para este vital aprendizaje.
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