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Cómo
Dar Sentido Común a las Máquinas
Requiere de una forma de lógica que pueda tolerar la ambigüedad
sin perder el rigor del raciocinio En
sus relatos sobre robots, Isaac Asimov enuncia tres leyes que determinan
su naturaleza: Primera, un robot no puede dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño. Segunda, un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto cuando estas órdenes estén en oposición con la primera ley. Tercera,
un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección
no esté en conflicto con la primera o segunda leyes. Confunde
así, casi intencionalmente, las leyes naturales las leyes
del movimiento- con las de orden moral. Da a entender que sus preceptos
legislativos por ejemplo, la primera ley- son, en cierto sentido,
leyes naturales que gobiernan a los autómatas. Pero
los robots no siempre han sido tan humanos. De hecho, en la ficción
científica escrita y cinematográfica de los años
veinte y treinta se trataba de una tribu enemiga cuyo propósito
era conquistar el mundo. Para los años cincuenta se habían
vuelto una minoría oprimida con la que comenzamos a simpatizar.
Pero aquellas ideas tenían más que ver con las necesidades
literarias que con las necesidades humanas, que todo el mundo exigía
satisfacer. Entre
los cuentos de Asimov, donde los robots discuten si algo está
permitido o no por las leyes, y las realizaciones que conocemos hoy,
a poco menos de cuarenta años de que John McCarthy, inventor
del término inteligencia artificial, propusiera el
primer reto en la construcción de autómatas (armar un
equipo electrónico de la serie hágalo usted mismo)
las cosas han cambiado mucho. La
idea de que una máquina simplemente sustituya a un obrero en
su lugar de trabajo ha pasado de moda. El robot que supuestamente armaría
ese equipo electrónico jamás se construyó, y los
complejísimos problemas de manipulación y visión
tridimensional se han atomizado en otros más pequeños
y sencillos de resolver. Según el mismo McCarthy, lo que todos desean en última instancia es una máquina manufacturera universal. En vez de buscar autómatas a nuestra imagen y semejanza, sería interesante ir a la tienda más cercana y decir: Me gusta esa TV, pero quiero que le agregue esto y esto otro. Entonces
una máquina, quizá con varios brazos y una serie de herramientas,
ensamblaría la televisión de nuestro gusto. Conservaríamos
así el bajo costo de la producción en masa, pero con la
individualidad y el diseño del trabajo manual. Podríamos
incluso diseñar casas por computadora y, una vez satisfechos
con su arquitectura, preguntaríamos qué equipo debemos
alquilar exactamente. Entonces una cuadrilla ad hoc de robots haría
el trabajo. El
problema de la inteligencia artificial, cómo dar sentido común
a las máquinas, gira en torno a un asunto de organización.
Hace diez años, en un reportaje televisivo del Sillicon Valley
Report, investigadores del MIT mostraron una especie de hormiga, de
dimensiones muy grandes aún, que trata de moverse sobre una superficie
rugosa. Para instruirla se necesita una forma de lógica que pueda
tolerar la ambiguëdad sin perder el rigor del raciocinio. Es
fácil enunciar Una hormiga puede cruzar el desierto.
En realidad esto puede ser cierto, pero también es probable que
carezca de medios físicos o se encuentre con una barrera infranqueable,
sin contar con otros desastres imprevistos. La solución podría
ser: La hormiga puede cruzar cualquier terreno a menos que algo
se lo impida. En términos lógicos, esto no bastaría
pues toda excepción debe presentarse punto por punto. Si una computadora topa con la frase a menos que algo se lo impida y no encuentra explicaciones debajo, sigue adelante. Por otra parte, si lee Se quiebran las patas de la hormiga, emprende otros caminos referentes a locomoción, soportes y estructuras, y reparaciones. Quienes
usan este tipo de cadenas de enunciados lógicos correlacionados
piensan que es innecesario que un concepto predomine, como piensan otros.
Para éstos, la información almacenada en una computadora
o el cerebro se maneja en cuadros, algo así como
el contexto o la idea dominante en un argumento. Cada cuadro está
conectado y solicitar uno hace innecesario pedir otro. Así pues, los conocimientos están unidos en cadenas de asociación, pero siempre están dominados por el contexto. Como quiera que sea, es probable que el cerebro humano no funcione así, pero esto es inteligencia artificial, y poco importa si en términos psicológicos resulta real o no.
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