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En la Edad de la Automatización En la actualidad la investigación reside en el poder de la técnica que empuja siempre hacia adelante Por Francisco Castillo Vargas Es hoy llamativa la común inquietud por la amenaza a la ciencia, ligada a la ampliación y el perfeccionamiento de los métodos técnicos. El escudriñamiento de la materia se realiza dentro de límites que rebasan las fuerzas del investigador aislado, en grupos de trabajo y por medio de aparatos, de recuento estadístico y de revisión cuantitativa. Por cierto que nadie, dentro de su dominio, puede sustraerse a este positivo enriquecimiento, y sin embargo cada uno siente que el ámbito de su ciencia se sustrae a lo abarcable con la vista y, por consiguiente, a su propio círculo visual; con esto se aclara otro esfuerzo, no menos llamativo, a saber: reencontrar la unidad de la ciencia, o aun de las muchas ciencias separadas, e imponerles una meta común. La investigación científica se convierte en una especie de técnica acabada. Pero aún así siempre se entiende a la técnica de manera demasiado estrecha. Las ciencias no pueden adueñarse de la técnica porque la técnica constituye su resorte, la fuerza que las guía. Por lo general, se entiende a la técnica como resultado de la ciencia. Pero, Àno es ella más bien su móvil más íntimo? No sólo la investigación cumplida por la ciencia se realiza en forma técnica, sino que el ámbito mismo de toda ciencia, y sus finalidades, se hallan determinados por la técnica-científica. Por otra parte, Àqué es lo que hoy no cae en el mercado? Aun lo extraño se hace mercancía. En tal sentido, la investigación resulta víctima del espíritu del tiempo, de la época, antes de que ella alcance a hacerse método. Aunque ciertamente, el deseo de síntesis y de compendio se encuentra todavía en el dominio de la técnica. Y las ciencias humanas -como ahora en la investigación organizada, se llama a las ciencias del espíritu- siempre son, por cierto, ciencias del hombre y nunca para el hombre. ÀCómo se comporta el hombre, cómo funciona su espíritu? ÀPersiste aún la idea, o por lo menos la nostalgia, de una investigación que todavía sea humana, esto es, abarcable con la mirada y, al mismo tiempo, tenga una finalidad determinada? La pregunta por el objeto y el método se plantea siempre de nuevo. Justamente, parece que toda la problemática se halla centrada en la determinación de esta finalidad. El caso es que la ciencia se transforma en investigación, Ya no hay ciencias autónomas cerradas, orgánicamente patrocinadas y articuladas. No hay una física clásica. Esto lo sabemos todos. Pero también comienza a no haber una psicología, una sociología, ni tampoco una interpretación histórica unitaria. Ante todo hay investigación; investigación constantemente renovada, que no quiere tanto saber cuanto investigar y efectuar. También por eso todos los institutos científicos se llaman institutos de investigación; por eso ha cambiado radicalmente la imagen del científico y del erudito. Pero en la actualidad la investigación reside en el poder de la técnica que empuja siempre hacia adelante. El hombre como sujeto y las cosas enfrentadas en cuanto objetos de la investigación sobrepasan la dicotomía sujeto-objeto, válida para la ciencia clásica, y entran en dominio nuevo, aparentemente unívoco, aunque es pluridimensional. La investigación técnico-científica que se extiende por toda la tierra, acrisola aún en cada país su propio carácter. Pero tal vez la investigación moderno-planetaria ni sea naturalista ni no naturalista, ni humana ni inhumana, ni ajustada a fines ni carente de ellos. Lo grandioso de la ciencia actual es la superación de estas dicotomías. Todo este negocio puede aparecer como sin sentido, pero no lo es. Tampoco se puede decir, en modo alguno, que esté pleno de sentido. Aun así, se resuelve de continuo, se fija y se supera y pone en movimiento a toda la tierra. El investigador actual nada en otro río. No se puede ni se debe separar el experimento fisiológico del experimentador vivo. La dicotomía sujeto-objeto se encuentra aquí en el camino que lleva a su superación. El sujeto humano en cuanto sujeto y aquello con lo que la investigación se enfrenta (los llamados objetos) son superados simultáneamente y dejan el lugar libre para que aparezca un nuevo contenido. El hombre, en cuanto signo con el cual juega el mundo, en la edad técnica aparece como un número. La investigación calculadora y el saber funcionalista juegan con números cada vez mayores. No es casualidad que la mirada perpicaz intente comprender su dominio libre dentro de una interpretación del mundo que cada vez se hace más estructurada, funcional, automatizada. Estructuración, funcionalización, automatización son las palabras planetarias impulsoras. Pero el pensar que corresponde a esta situación del mundo también puede trascender todas las dimensiones particulares haciendo la experiencia de la unidad que se oculta en la multiplicidad. De tal modo, sus ya complicados esquemas se hacen constelación en el tablero luminoso de puntos resplandecientes; esta constelación se halla en el dominio de lo que no se abarca con la mirada (aun cuando sea visible por medio de la máquina) y la estructura llega a ser automación. En el pensar futuro, que ya de algún modo irrumpe en el presente, despunta la luz de un nuevo curso estelar.
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