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Aspectos
Interdependientes de un Mismo Fenómeno Más allá de las actitudes perceptivas condicionadas por el contexto socio-cultural ya dado, es urgente crear nuevas posibilidades comunicativas. Por Francisco Castillo Vargas La teoría de la comunicación, disciplina anticipada por la lingüística y la semiología, se localiza ya como denominador común en los diversos campos problemáticos que definen el pensamiento contemporáneo. Tanto en el ámbito de la ciencias exactas y naturales Đen la microfísica y la cibernética-, como en el de las ciencias sociales y de las disciplinas filosóficas, la teoría de la comunicación ha ido imponiendo sus categorías, encontrando aplicación aun en la estética o teoría del arte. En efecto, la producción industrial y la comunicación masiva de nuestra época han determinado que tanto los bienes de consumo como los valores artísticos sean objetos de un proceso de consumo incesante que a su vez conduce al desgaste acelerado y a la obsolescencia inmediata de todas las formas estéticas y culturales. El perfeccionamiento tecnológico de la producción industrial masiva de bienes de consumo, el fenómeno de la comunicación masiva y la industria cultural, la utilización publicitaria de categorías estéticas y valores artísticos, el proceso de simbolización comercial de los sentimientos, los gustos y los valores personales, el consumo desaforado y el afán competitivo de las modas efímeras y las novedades estereotipadas, son aspectos interdependientes de un mismo hecho. En particular, la desacralización del arte y la divulgación de la cultura han producido una degradación de las formas estéticas: la reproducción masiva de las obras de arte clásicas comporta una adulteración esencial, en la medida que las tranforma en accesorios decorativos abocados a satisfacer un hedonismo fácil, "acompañamientos" irrevelantes de las actividades triviales del hombre moderno. Los libros ilustrados con reproducciones fotográficas, la utilización publicitaria de la música clásica, las ediciones resumidas de obras literarias, los temas educativos e históricos en el cine y la TV, la proliferación de comics y fotonovelas, la manipulación política de la información periodística y cultural, la estilización de los productos industriales y la explotación publicitaria de todo tipo de símbolos, representan algunos de los elementos más importantes en este proceso de consumo y deterioro incesante de las formas estéticas. El espíritu de competencia más el afán constante de novedades, manipulados por los medios, han hecho posible un deterioro creciente de la capacidad informativa y comunicativa del arte y han convertido a la cultura en objeto de publicidad y consumo. Es cada día más evidente que para la sociedad moderna se han vuelto indispensables una serie de actividades a mitad de camino entre la industria y el arte. En el campo de la producción industrial, el diseño gráfico y la publicidad desempeñan un papel fundamental. La mera función utilitaria del producto industrial no es ya condición suficiente para promover el consumo acelerado y constante que requiere la expansión competitiva de las industrias: ahora es necesario que el diseño gráfico añada anualmente nuevas presentaciones del producto, nuevas estilizaciones que hagan más atractivo estéticamente el mismo artefacto. Tenemos así una creciente y rebuscada estilización de los aparatos ya conocidos, desechables y utilizables apresuradamente; actualmente, la adquisición de un producto no indica una auténtica necesidad ni una mayor eficacia técnica; representa tan sólo un acto simbólico que verifica la categoría y el poder sociales del consumidor. El perfeccionamiento constante de un producto no obedece ya a razones estrictamente técnicas y utilitarias, sino a añadidos estetizantes y publicitarios que buscan transformar el nuevo producto en un símbolo de comodidad y poder social. En este campo del diseño industrial y la publicidad se genera la masificación y el desgaste de las formas estéticas. Las estilizaciones del diseño industrial hacen posible un consumo meramente simbólico. Pero el arte no puede ser tan sólo el lenguaje simbólico de los sentimientos humanos, ni expresión emocional de connotaciones subjetivas; por el contrario, el arte constituye un proceso comunicativo, informativo y cognoscitivo con su propia semántica y su propia semiología, caracterizado como un proceso de "pensamiento por imágenes" y que, sin llegar a un nivel verbal y conceptual, puede disponer sin embargo de un significado referencial y constituir un proceso comunicativo de mensajes intersubjetivos y valores estéticos. Si en la arquitectura, el diseño industrial y la publicidad es cada vez más notoria la aplicación utilitaria y mecánica de los criterios estéticos, si los gustos y las corrientes artísticas están determinadas por el capricho arbitrario de las modas comerciales, si el arte no es ya comunicación ni conocimiento de los valores estéticos sino manipulación utilitaria de los símbolos y sentimientos, resulta urgente e indispensable discernir alternativas concretas que impliquen la apertura de nuevas posibilidades comunicativas para la estética y el arte, que algunos han comenzado a desarrollar a partir de las categorías de la cibernética y la teoría de la información.
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